miércoles, 3 de marzo de 2010

Temblor, amanece soles naranjas
en la emplanada del mundo
Temblor, has vibrar a todos los autos
que juegan sobre estos bloques de asfalto
Temblor, que por un momento
sientan otra cosa que el juego
Temblor, hasta que no jueguen a no ver
Temblor, amanece soles naranjas
sobre el dolor de la ciudad
de calles de mangas grises
Temblor, amanece soles naranjas
concedéme no vivir siempre
en la tristeza del mundo incinerado
del mundo partido siempre en dos
Temblor, amanece soles naranjas
sobre la protección que no sabe
encontrar tan desagradable el lujo
y después siquiera puede arrojarse
sin redes a él
Temblor, amanece soles naranjas
sobre las paredes que se permiten
no escuchar los golpes de dolor
que rechinan las paredes anchas de otras casas
Temblor, amanece soles naranjas
sobre los muros que se levantan hasta el cielo
hasta haberlo compartimentado
Temblor, porque lo volvieron un lugar mucho más tranquilo
finalmente
como si la fiesta de los dioses
hubiese decantado
hasta el fondo seco de la tierra
y de ahi proviniera ahora
hacia la ciudad que tiembla
temblor de soles naranjas
por los troncos invisibles del tiempo
que cortan paredes
en secreto
-pero nosotros lo sabemos-
y entonces sí
lo sabemos: hay una grieta
en las paredes con las que todos
se protejen de todos
con las que todos se protejen
de ellos mismos,
pero no las ven
no ven la grieta
no sienten el temblor
de los soles naranjas porque se protejen
encerrados en sí enrrollados
en el decoro se enrolla el cuerpo
y se pierde el alma
y mientras tanto
siguen temblando los soles naranjas.

No hay comentarios: