viernes, 24 de octubre de 2008

Maniatado
mañada ñato
maña adaña ¡to!
mañana
maña todo
mañana ñato
aña la maña
¡ñato!
manía todo
maña maniatado
cuando el ñato
me araña.
Respiro todo el oxígeno
que cabe en las manos
cuando estas
me toman la palabra.
Navegantes azules nuestras almas
flotan en el mar de la habitación
mientras estrellas de yeso
caídas del techo
se vuelven los islotes
de nuestra seguridad.
En el desierto de asfalto
arden los ojos el mar.

Debo desbuscar el rumbo azul.
Tengo una buena oreja. Se los juro.
Podría decirles: tengo una buena nariz
o tengo un buen corazón
o tengo unos buenos ojos
pero no. Lo que tengo una buena oreja:
una oreja espectacularmente buena
perfectamente proporcionada
con cierta armónica intriga
y una laberíntica capacidad de escucha.

Se trata, como ven, de una sola.
La otra es normal. Ni fea ni linda. Común.
Pero a mi bonita oreja desde chica me la alaban.
Me podrían haber alabado cualquier otra cosa
mi nariz mi corazón o mis ojos.
Pero no. Me han alabado desde siempre
a mi queridísima oreja izquierda
que muchos llaman oreja filosófica.

Es realmente una suerte para mí
tener al menos una buena oreja
que encima es exclusiva
pues no la heredé
de nadie de mi familia.
Con la luna
la mano se vuelve caliz
sobre un tallo de nervios.
Me perpilfarro
en el matrosauro de la cima
si las palabras se desexumen
en fructuras de baorilas
de criptilias y de arnos.

Me siento... como decirlo...
erborecente por las rafias
por las crencias de los senfios
y cada tanto
por la dala de mi ulupatía
me antiproclamo.
La memoria me maulla
a los campos de ausencias
en donde escribir un poema
es el trabajo del desterrado
que busca un lugar para habitar.
Tiemblo encerrada en la cámara
enmarañada de la mente.
Lo que nos separaba eran
un océano
tres idiomas
diez mares
vaya a saber cuántos ríos.

En ese momento
la distancia era azul
y había que medirla
en tiempo de estrellas.

Tu voz - lo único que quedaba-
terminó llevándose tu cuerpo
al bosque frondoso de las metáforas
y como si no quisieras
allá te perdiste.
Una sombra aletea sobre mi cama
mientras mi mano dormida
busca apresarla.
Entre todas las ventanas
quiero hablar de esta ventana
de la que como de muchas otras
cuelgan muchas cosas
pero yo quiero hablar de las cosas
que cuelgan de esta ventana.

Quiero hablar de las plantas que se atan
a las penas que se atan
a las narices que se atan
a la manía de los pañuelos de tela que se atan
al abrazo de las voces que se atan a esta ventana.

Quiero hablar de las cosas
en las que mi vida tropieza
y renace en tu vida
que cuelga de esta ventana

Como una paciente cazadora con su red de telarañas
quiero hablar mientras espero
romeando en un suelo de cielo
que una vida se desate
y caiga en el (mi) sueño.
Pero - al fin y al cabo
postrarse en una cama hace mirar
mejor los objetos:
el arbol desde afuera
atravieza todas las dimensiones de mis tiempos.

Pero- al fin y al cabo
postrarse en una cama
ayuda a
recupera de

A la vuelta de
¿ dónde?

No hubo ( hay) partida.

Me muevo de la cama a la silla
al costado de la ventana.
Me asolo
(asolar es una palabra que lleva el sol adentro).
Aprieto los párpados,
cito a mi procesión de ejércitos:
el lugar en el que habitan las palabras
antes de ser palabras
(antes de ser, también, ideas)

Dejo los ojos en libertad
Los libero de mis dedos.

El sol vuelve a sentirse claro, límpido
Las palabras se atan con sus acentos al mundo.
Los objetos no crecen.
Están.
Los lagartos duermen.
Todo el sol cabe en esta habitación
y el silencio vuelve a perturbar los bordes de la palabra
y el ruido de la mecedora
y el zumbido verde que choca contra la ventana.
Quizá si mi mano no hubiera caído
así, sin pedir nada
como está cayendo ahora.
Quizá si el vendaval líneas de la vida
no hubiera echo de los surcos
la profesía de una entrega.
La vida nunca de acá
se me pegó como una mosca contra una ventana
y esa mosca continuó siendo mosca contra esa ventana
y esa mosca siguió continuando siendo esa mosca ventaneante
cuando yo no estaba en mi habitación.

Esa mosca
rompió mi orden sordo y perfecto
entonces volví.

Algo que pasa en mi habitación

Una mariposa de alas abiertas
traza su destino de incrustada
contra un piso de madera
de 4x4.
Antes de un poema
las manos
como si escribieran un poema