miércoles, 3 de marzo de 2010

tras el horizonte de los renglones
a lo lejos
en un pequeño barco
en un mar de noche
conmigo una boya iluminada
y yo, una forma lejana de mi misma.
Maria de las Nieves, mi maestra de primer grado,
fue quien desplegó de los bolsillos de su delantal
el bosque de las primeras metaforas.
Nunca la olvidaré escribiendo
en el espacio que le quedaba
sobre sus nevadas cadenas montañosas
que lo eran antes de que yo conociera las alegorías:
los rayos de sol
como latigazos de fuego
Cuando leí eso ( porque ella lo escribía, sus alumnos no sólo leían,
sabían leer metáforas) los pupitres se transformaron en lineas de llamas
que se levantaban del suelo y ondulaban,
mis compañeros en los domadores del leon de Fuego Nevado,
circulos en llamas las mochilas colgadas en las paredes.
En esos lugares en donde pasaba mi tiempo
mirando entrar el sol por la ventana
no se aprendía que era imperioso escribir de izquierda a derecha.
Fuego Nevado me cambió al primer banco
por soñadora:
allí, bien cerca de ella, me concentraría
en aprender mejor
a rellenar con papel glasé
el amanecer de las palabras en las manos.
Cómo perder de vista
ese movimiento continuo del alma.
Cómo no contemplarme
alejandome como me contemplo
perdiéndome detrás de la respiración de las letras
ay, perdida de mi
porque, no es que no me importe,
hay veces sabemos que allí vamos
hay veces no hay opción
ya estamos atrapados
en un torbellino de corriente
de agua de mar
de sol de noche de estrellas
en una sensacion fresca y ardiente
de bastedad de aguas
que rebalsa el cauce de las páginas
que arrastra demasiado fuerte
y yo me entrego a ella amarrada y deshecha
y en dulce condena.
Si disparan, sangrás

( Se escuchan tiros en la morada del lenguaje).
Preparadas las armas
sobre la punta de los dedos
para ser lanzadas
hacia el cielo de las tintas.
¿existe? ¿la noche? ¿ una orilla, una canoa, otra orilla?
¿del otro lado del mar? ¿Hay un hombre del otro lado?
¿me llama?, ¿a mí?, ¿ desde dónde? ¿ Era en el mar?
Me mojo la cara en las aguas del Leteo
y preparo un cafe.
Se mantenían en el espacio
las capsulas de locura de amor
Cuando una cayó sobre una porción de piel
las otras la vieron florecer
y se tentaron y la imitaron.
Tampoco si digo
un desierto rojo
de soles calmo mi sed
ni la piel que huelo en las letras
deja de rodar
en incisivas pequeñas llamas
que caen de la misma piel sobre la misma piel
en la misma piel y dentro de ella
así adentro mi sed frutos maduros
a punto de estallar
frutos que queman pinceles del fuego
a sus carnales presas y se consumen
en la suavidad de las cascaras moradas
y necesitan abrirse de si pero se repliegan de placer
en el placer de las incisivas llamas doradas
que queman que hieren que detienen
el curso de las estaciones.
Eternidad, hilandera
que hilvana en el cuerpo
los fuegos divinos.
pobre atrapado
en cada lugar encendido
en todos los lugares
que mueren y renacen
acá grita, lo siento
con fuerza habitual en este desierto
rojo como la sangre
eterno y extinguido
por el contrario o por el favor
acá grita aulla más bien
lleno de fuerza animal
acá canta en las golondrinas
acá me acepta y me rechaza inesperado
acá tiembla en los bordes de los oídos
acá navega el grito con sus remos
el espacio mítico
en el que estoy sumerjida
acá grita y lo siento nunca y siempre
acá nunca y siempre porque es todo
y todo es lo único que tengo para habitar
no hay nada más que ese grito
lo demás no es la vida
lo demás es tan indecible como, por decir una metáfora
una explanada gris neutra y vacía en la que flota estático el olvido.
Pero no. También las metáforas son metáforas del grito.
Rodear con las manos
el lugar en el aire
en el que quedó suspendido
lo que había quedado suspendido
antes de que yo recordara
rodear con las manos
el lugar en el aire
en el que quedó suspendido
y así toda la vida
ad infinitum
Temblor, amanece soles naranjas
en la emplanada del mundo
Temblor, has vibrar a todos los autos
que juegan sobre estos bloques de asfalto
Temblor, que por un momento
sientan otra cosa que el juego
Temblor, hasta que no jueguen a no ver
Temblor, amanece soles naranjas
sobre el dolor de la ciudad
de calles de mangas grises
Temblor, amanece soles naranjas
concedéme no vivir siempre
en la tristeza del mundo incinerado
del mundo partido siempre en dos
Temblor, amanece soles naranjas
sobre la protección que no sabe
encontrar tan desagradable el lujo
y después siquiera puede arrojarse
sin redes a él
Temblor, amanece soles naranjas
sobre las paredes que se permiten
no escuchar los golpes de dolor
que rechinan las paredes anchas de otras casas
Temblor, amanece soles naranjas
sobre los muros que se levantan hasta el cielo
hasta haberlo compartimentado
Temblor, porque lo volvieron un lugar mucho más tranquilo
finalmente
como si la fiesta de los dioses
hubiese decantado
hasta el fondo seco de la tierra
y de ahi proviniera ahora
hacia la ciudad que tiembla
temblor de soles naranjas
por los troncos invisibles del tiempo
que cortan paredes
en secreto
-pero nosotros lo sabemos-
y entonces sí
lo sabemos: hay una grieta
en las paredes con las que todos
se protejen de todos
con las que todos se protejen
de ellos mismos,
pero no las ven
no ven la grieta
no sienten el temblor
de los soles naranjas porque se protejen
encerrados en sí enrrollados
en el decoro se enrolla el cuerpo
y se pierde el alma
y mientras tanto
siguen temblando los soles naranjas.
Atrás hay música
y vos dormís enrollado en vos.
Una explanada gris
y sin aire
en donde el cuerpo está solo
y es propio pero no lo sabe
y es de todos pero no sabe.
Nada acecha a los muertos.
los dos unidos puntos de las cartas
las tarjetas, las postales, las notas,
las fosas nasales de la escritura,
que en el habla oral se traducen
en una invocación al ser requerido
oh fosas nasales, quienes normalmente
pasan sin pena ni gloria, pues nadie dice
¡pero qué bellas fosas nasales!
Así tampoco nadie dice: ¡pero qué preciosos dos puntos!
Sin embargo son ellos los que un segundo antes
respiran las letras de mi nombre
o de mis maneras de ser llamada
y allí, como en secreto, me lo cuentan todo.
El destinatario sobre el lado izquierdo
-occidentalmente hablando- suspendido frente a un precipicio.
O fueras vos el que te acercabas
al fondo de cráteres de la tierra.
Vistos desde acá
parecen pequeños animales heridos.
Veo sus formas
como manchas oscuras en la oscuridad
como particulas de luz
entre la luz del día.
Los veo desamados enrollandose en sí
al calor del atardecer levantando el cielo
nadando su vuelo que no da pistas
excepto el correr de las estaciones.